lunes, 15 de marzo de 2010

El perfume: historia de un asesino

Mientras tanto, Jean Baptiste estaba a medio camino de París. Le quedaba suficiente perfume para esclavizar al mundo entero si lo hubiera querido, habría podido entrar en Versalles y poner al rey a sus pies, habría podido escribir una carta perfumada al Papa y revelarse como el nuevo mesías, habría podido hacer todo esto y más si lo hubiera deseado. Usaría un poder más fuerte que el dinero, el terror o la muerte: el invencible poder de dominar el amor de la humanidad. Solo había una cosa que el perfume no podía hacer, no podía convertirle en una persona capaz de amar y ser amada como las demás. Y pensó; al diablo con todo, al diablo con el mundo, con el perfume y con él mismo. Y el 25 de Junio de 1766, alrededor de las 11 de la noche, Jean Baptiste entró por la puerta de Orleans y como un sonámbulo sus recuerdos olfativos le llevaron de vuelta al lugar donde había nacido.

En unos momentos Jean Baptiste desapareció de la faz de la tierra. Cuando aquellos hombres y mujeres acabaron sintieron un virginal brillo de felicidad. Por primera vez en su vida habían hecho algo puramente por amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada